21/11/2015 (día 4): recorremos el centro de Hong Kong, con sus rascacielos y sus templos, y nos echamos un buen regateo en Temple Street
Hoy nos levantamos con calma, hemos dormido algo mejor que las noches anteriores pero aún así tenemos sueño acumulado y estamos de vacaciones… que al final tanto tute, no lo parece. Tras tomar el desayuno en el bufet del hotel, decidimos que hoy destinaremos el día a conocer aquellos lugares más emblemáticos del centro de Hong Kong y que por la tarde iremos de compras a Temple Street.
Así que bajamos hasta la parada de metro Jordan y allí lo tomamos hasta la estación Central.
Tomada por los ingleses en 1840, la isla de Hong Kong es la zona financiera de la ciudad y la más moderna. En el norte se encuentra la Bahía Victoria, con los principales rascacielos de HK. Cuenta con uno de los skylines más impresionantes del mundo y resulta un auténtico
placer contemplarlo tanto de día como de noche.
Esta zona es muy diferente a Kowloon, con altos y modernos edificios, calles nuevas bien pavimentadas y mucho más limpias. Caminamos por el paso elevado entre los edificios hasta llegar al Two International Finance Centre.
Su construcción finalizó en 2003 y cuenta con 415 metros de altura en 90 plantas. Fue el edificio más alto de Hong Kong hasta la reciente construcción del International Commerce Centre en Kwoloon. En el cine es conocido por ser escenario en Tomb Raider y en El Caballero Oscuro.

En la planta 55 se encuentra la sede de la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el banco central del país. Ofrece una exposición de billetes y monedas a lo largo de su historia. Y cuenta con una pequeña exposición fotográfica de cómo era la bahía hace años mientras unas vistas espectaculares de cómo es ahora.
Subir al mirador de la planta 55 es gratis, pero debes solicitar una tarjeta de visitante en la recepción del edificio. Es imprescindible presentar el pasaporte original ya que la tarjeta es nominativa.
Tras hacer el trámite, pasamos por el control de bolsos y detector de metales, y subimos con el ascensor que nos indican. El edificio se nota que es nuevo y que cuenta con varias plantas de oficinas. Hay un montón de gente trajeada por aquí… por lo que recomiendo ir vestido «decente».
La exposición de monedas y billetes está bien. Hay muchísima información en inglés. No sólo explica la historia del dolar de Hong Kong, también de la economía e historia del país. Pero lo que realmente merece la pena son las fabulosas visitas de la isla de Hong Kong y de la bahía que hay desde aquí arriba.

Y el «antes» y el «ahora» de la isla impacta de veras…


Una vez recorremos la exposición, volvemos a la calle y seguimos conociendo la zona de Central. Decidimos seguir caminando por el paso elevado desde el que hay unas buenas vistas de la calle y se pasea más tranquilos. Y no sorprende ver cómo cruza a través de los centros comerciales y los hall de los rascacielos.

Los centros comerciales son una pasad. Realmente te das cuenta que el consumismo aquí, al igual que en Japón y China, está a la orden del día. Puedes encontrar de todo en sus centros comerciales, incluso un ¡gran carrusel!

Tras el paseo entre tiendas, coches de lujo y mucha gente trajeada, llegamos a la elegante y antigua Catedral de St John. La verdad es que choca muchísimo encontrar este edificio rodeado de un bonito parque entre los rascacielos.

La catedral ha desempeñado un papel simbólico y perenne en la historia de Hong Kong. Se trata del edificio eclesiástico occidental más antiguo que queda en la ciudad. La primera piedra fue colocada por el Gobernador Davis sólo seis años después de que los Británicos tomaran Hong Kong. Desde entonces, St John sigue sirviendo a su importante congregación anglicana.
Los comentarios que habíamos visto por internet decían que el lugar merece la pena ser visitado por su estilo anglicano. Pero nosotros nos encontramos con que se está celebrando el funeral de un párroco, por lo que nos parece totalmente fuera de lugar entrar. Así que la rodeamos para verla por fuera y seguimos con la ruta prevista para hoy.
Antes por eso, nos sentamos 10 minutos en un banquito del parque a descansar un poco del calor bochornoso que hace entre los edificios.

Seguimos con la ruta hacia el Bank Of China, que también cuenta con un mirador en su planta 43 de acceso gratuito. También aquí, necesitarás el pasaporte para acceder. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando llegamos y vemos que está cerrado…

El edificio fue construido en 1989 por el arquitecto Leoh Ming Pei, con un asombroso diseño y una iluminación espectacular. Mide 367 metros de altura. Tiene 72 plantas y está construido con aluminio y cristal. Cuando finalizó su construcción se convirtió en el edificio más alto de Asia, récord que se mantuvo hasta 1992 cuando finalizó la construcción del Central Plaza. También fue el primer rascacielos fuera de Estados Unidos en superar la barrera de los 300 metros.
La gran torre es fácil de reconocer por las líneas que recorren el edificio con formas romboides y triangulares. Y es uno de los que más resalta por la noche.

Hacemos parada en un combini cercano a comprarnos unas bebidas frescas (11,50HKD) que pagamos con las tarjetas Octopus del metro. ¡Me encanta ese sistema por que te olvidas de tener que llevar moneda pequeña!
Tras hidratarnos entramos en uno de los centros comerciales adheridos a la estación de metro Admiralty para parar en boxes y luego cogemos el primer metro que pasa hacia Sheung Whan. Caminamos un par de calles y llegamos a la entrada del Templo Man Mo, escondido entre altos edificios.

Se trata del templo taoista más importante de Hong Kong. Fue construido en 1847 por mercaderes chinos en honor a los dioses de la literatura (Man) y de la guerra (Mo). Y sirvió como tribunal arbitral para las disputas locales. Fue el centro de la vida civil de la isla en el S. XIX, cuando el nivel de confianza entre lugareños y colonos era mínimo ya que los británicos habían impuesto una política de segregacionismo para evitar que los chinos se mezclaran con ellos.

Si no estás acostumbrado a visitar templos taoistas como es nuestro caso llama mucho la atención… Con cientos de lámparas de incienso colgando del techo y dando aroma al lugar de forma casi mágica. Ahora asmáticos andaos con cuidado porque la humareda es considerable…

Hay varios altares repartidos por el edificio, tiendecitas de amuletos, y también cuenta con la puerta original del templo en su interior.

Tras la visita al templo, nos dirigimos a la cercana calle de Cat Street dónde se encuentra el Mercado de Antigüedades. Esta calle reúne tiendas de antigüedades, galerías de arte, tiendas y puestos de amuletos, y objectos de segunda mano. Encontrarás muebles, elementos decorativos, artículos artesanales y algunas piezas de jade o productos bordados y de seda. La pega es que hay cosas de dudosa autenticidad… Echamos un vistazo a fondo a distintas tiendas, pero finalmente no compramos nada.
Nos acercamos dando un paseo de unos 15 minutos hasta la zona de los muelles, junto a la Bahía Victoria. Entramos en el centro comercial que hay junto a la terminal del ferry a Macau, y buscamos un restaurante para comer. Comemos dos platazos de yakimeshi (arroz con verduras) y nigiris, acompañados por un rico té verde fresquito (250HKD).

Tras la comida, vemos que tenemos el metro de Sheung Whan al lado, así que allí lo cogemos y volvemos a Admiralty. Desde allí caminamos hasta llegar junto a la bahía dónde se encuentra el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong. Un gran auditorio que en parte recuerda a la ópera de Sidney. Están celebrando un evento y no podemos acercarnos demasiado al edificio.
En esta zona también encontramos grandes rascacielos y tenemos una buena vista del sur de Kowloon. Vista desde aquí, esta zona no impresiona demasiado y llegamos a la conclusión que es mucho mejor verla desde la otra orilla. Entramos en un Starbucks a tomarnos un frapuccino bien fresco y después volvemos al metro.

Cogemos el metro directo hasta Jordan y volvemos al hotel a descansar un poco. Llevamos horas caminando bajo un sol abrasador y un bochorno importante… Aunque pueda parecer mentira porque estamos a mitad de noviembre, no os podéis imaginar el calor que pasamos. Es como estar en Lleida en agosto…
La idea era ver hoy el espectáculo de luces nocturno, pero nos quedamos dormidos y cuando llegamos ya ha terminado. Vigilad si queréis verlo porque apenas dura unos minutos y hay que ir con mucho tiempo para encontrar un hueco. La zona se llena de ¡hordas de gente! Aún así, disfrutamos de nuevo de la bonita vista del skyline con todos sus edificios iluminados en la noche.


Después damos una vuelta por esta zona, repleta de centros comerciales y con un aire muy colonial.


Entramos en el CC iSquare pero no nos llama ningún restaurante para cenar. Así que decidimos coger el metro y volver a Jordan, e ir a Temple Street Market.
Hoy si que nos lanzamos al regateo y a las compras. Nos hacemos con una figura de un león Fu tallada en madera y 2 reposa-palillos (125HKD todo). Y después de un buen rato de regateo, compramos dos monederos (suponemos que de imitación, aunque está muy lograda) de «marca» Jimmy Choo (120HKD cada uno).

Cuando nos damos cuenta, son las 22.30h y ahora si, tenemos hambre. Damos una vuelta por los puestos de comida callejera del mercado pero no nos inspiran mucha confianza… Así que vamos a un combini y compramos cena, una cerveza y una cola (50HKD). Lo bueno de los hoteles asiáticos es que suelen tener hervidor de agua en la habitación, de manera que te puedes apañar alguna cena. Nosotros por ejemplo, compramos cajas de fideos a los que sólo hay que echarles agua hirviendo para prepararlos (truco que aprendimos en el Japón 2.0) 🙂

Tras la cena, nos echamos unas risas grabando un vídeo para los nuestros al estilo «El precio justo» . Les enseñamos los monederos que hemos comprado e intentamos que averigüen si son de verdad o imitación, y el precio que hemos pagado… 😀
Tengo que decir que pensé que por 7€ cada monedero no me durarían nada… Pero estaba equivocada, uso el gris desde entonces (a fecha junio 2020) y está impecable. El lila lo guardo de reserva envuelto en su funda y lo mismo. ¿Quizá no serían de imitación…? ¡Quién sabe!
