29/09/18 (día 4): redescubrimos el sendero del filósofo y sus templos en Higashiyama, y el gran santuario de Yasaka antes de la llegada del tifón Trami
Un súper tifón se acerca a Japón y no sabemos cómo nos afectará al viaje. Hoy por el momento llueve a cántaros. Aún así vamos a intentar hacer las visitas que tenemos pensadas para la jornada. Queremos redescubrir el barrio de Higashiyama antes de la llegada del tifón.
Nos preparamos para la lluvia (impermebles + paraguas) y después de desayunar en la habitación lo comprado ayer, salimos hacia la estación de autobuses. Compramos un pase diario (600Y pp) y subimos al bus… pero con el diluvio, cogemos el 101 en lugar del 100 por error. Así que bajamos en la primera parada y cambiamos al bus que toca.
Ya en el bus correcto, bajamos en Honeninmachi, y caminamos unos 15 min bajo la lluvia hasta el templo Shinyodo o Shinsho Gkurakuji.

Este templo de la Secta Tendai fue construido en el 984. Fue reconstruido en 1693 tras haber sufrido graves daños durante la Guerra de Onin en 1470. Lo único que se salvó de los daños fue su Buda Amida que data de origen. El recinto del templo está formado por múltiples edificios, incluida una pagoda de tres pisos. Como llueve muchísimo, decidimos recorrer la zona gratuita que incluye el edificio principal, el buda, el cementerio y la pagoda pero no entramos al jardín seco que es de pago (500¥).

El edificio principal del templo está decorado con ornamentos de pan de oro y lujosos adornos. Alberga las estatuas de Monju Bodhisattva y Saicho, fundador del budismo Tendai en Japón.
Luego caminamos otros 15-20 min hasta el Honen-in junto al Sendero del Filósofo. Templo fundado en 1680 y de entrada gratuita. Tras cruzar la entrada pasamos por un camino entre dos montículos de arena, cuyas formas van cambiando con los meses. Se dice que pasar por entre ellos nos ayuda a purificar la mente.

Entre la lluvia y que al ser menos conocido, estamos prácticamente a solas (tan solo hay dos parejas más en todo el recinto), es un lugar que nos fascina.

Pasamos un buen rato aquí, sentados en los escalones de uno de los templos resguardados de la lluvia y disfrutando de la paz del lugar, del verdor y del buen olor que desprende su jardín. Sin duda, uno de esos momentos que más nos gusta de viajar por libre, poder sentarte a contemplar. Así sin más.

Tras un buen rato, seguimos recorriendo de nuevo buena parte del Sendero de la filosofía bajo la lluvia. Es nuestra tercera vez en Kyoto y al igual que Arashiyama, éste es otro clásico. Hemos recorrido esta zona en los tres viajes y nunca deja de sorprendernos.

Este camino es una preciosa ruta de unos 2km que transcurre paralela al canal Shishigatani, el cual forma parte del sistema de canales que llegan hasta el lago Biwa.
El canal se construyó durante el periodo Meiji (1868-1912) para alimentar la primera planta hidroeléctrica de Japón, y obtuvo su nombre del filósofo japonés Nishida Kitaro (1870-1945), quien solía meditar en esta zona de camino a la Universidad de Kyoto. Es un bonito lugar para recorrer en cualquier época del año, pero especialmente en primavera y otoño dónde toman relevancia sus cerezos y arces.

A mitad de camino, encontraremos una piedra con un poema en recuerdo del filósofo Nishida Kitaro, escrito por él en 1934:
hito wa hito (las personas son personas)
ware wa ware nari (y yo seré yo mismo)
tonikaku (de todos modos)
waga yuku michi o (el camino que sigo)
waga wa yukunari (seguiré…)
Recorremos el sendero bajo la lluvia hasta llegar al santuario Otoyo. Quizá por lo anodina que parece la entrada al templo, es también un lugar poco visitado por turistas.

También de entrada gratuita, este lugar tiene la peculiaridad que sus guardianes son… ¡ratoncitos! El par de guardianes esculpidos en piedra, actúan como guardianes shinto del santuario que se cree que alberga al dios de los emparejamientos.
La leyenda cuenta que el dios del matrimonio, Okuninushi, se enamoró de una princesa en otro mundo. Pero otro dios, Susanoo, se puso celoso y trató de atrapar a Okuninushi en un incendio. Un ratón valiente lo ayudó a escapar y finalmente él y la Princesa pudieron casarse. Por ese motivo los japoneses vienen a pedirles a los ratones bendiciones en las relaciones, el parto y la crianza de los hijos.

Al salir del santuario es ya mediodía y comenzamos a tener hambre. De camino al siguiente punto de la ruta, pasamos frente a un restaurante con unos platos en su menú con una pinta tremenda y que nos llava la atención por ser platos menos habituales (o conocidos) a lo que estamos acostumbrados.
Estamos mirando el menú cuando empieza a llover mucho más fuerte y vemos que cuelga un cartel que dice «no hay más restaurantes en los alrededores», así que decidimos entrar. Pedimos un ramen casero y unos rollos de fideos con tofu con un par de cervezas por 3400¥. Es algo caro para lo habitual en Japón pero la comida está realmente deliciosa y podemos probar los rollos por primera vez.

Aquí nos ocurre algo curioso. Quizá porqué es nuestra tercera vez en el país nipón o quizá porque nos gusta conocer la cultura y las costumbres de los lugares que visitamos, nos choca muchísimo el comportamiento de una pareja de españoles que se sientan a nuestro lado mientras comemos.
Debo decir, que sentimos tal vergüenza ajena por su comportamiento, que decidimos no hablar mientras estuvieron allí para que no «nos relacionaran» con ellos. Entraron al restaurante chorreando agua, y a pesar de la que dueña, una abuelita entrañable, les trajo toallas y un cubo para dejar las cosas mojadas, pasaron de ella y lo soltaron todo en el suelo de madera.
Hablaban a voces, cuando el local que estaba lleno hasta arriba, estaba totalmente en silencio. Fueron incapaces de saludar, ni usar ninguna palabra de cortesía -ni siquiera en inglés- mientras estuvieron allí. Y se enfadaron con la abuelita porque amablemente les dijo que les cobraba en caja y no en la mesa (recordad que los japoneses no mezclan dinero con comida).
En serio, un llamamiento a todo aquél que quiera salir del pueblo: ¡¡aprended un mínimo de modales y comportamiento antes de salir de casa!!
Dicho esto, una vez se fueron el par de personajillos, pudimos seguir disfrutando de la deliciosa comida. Agradecemos a la abuelita su hospitalidad al pagar, y seguimos con la ruta. A pocos metros de allí, nos topamos con dos o tres restaurantes algo más económicos… lo que nos saca unas risas. Vaya con la yaya mentirosilla… 😀 Pero debo deciros que comimos tan bien que no nos importó demasiado haber pagado un poco más.
Tras unos minutos, llegamos junto al túnel que marca la entrada a la Keage Incline. Se trata del túnel de ladrillo rojo más antiguo de Japón, y recibe el nombre de túnel torcido o Nejirimanpo, porque si nos fijamos en el interior veremos que los ladrillos dan la sensación de que el túnel esté torcido o en movimiento.

Giramos a la derecha y subimos hasta la cima de la cuesta Keage, donde encontraremos el pequeño parque Keagesosui en el que hay una estatua de Tanabe, el impulsor de este proyecto. Desde aquí vemos el inicio de los raíles y la cuesta, así como las tuberías que se usan en la actualidad para transportar agua del lago Biwa a la ciudad de Kyoto.

La cuesta Keage, es parte de un sistema de canales y túneles que conecta Kyoto con el lago Biwa al otro lado de las montañas. A lo largo de algo más de medio kilómetro, se colocaron raíles para que los barcos superaran el desnivel que había entre la zona oriental del canal y la zona de la calle Niomon. Pudiendo así transportar todo tipo de mercancías entre las prefecturas de Shiga a Kyoto entre 1891 y 1948.
También sirvió para el riego de los campos de cultivos de la zona y para la generación de electricidad en Keage, donde se puso en funcionamiento el primer servicio de tren eléctrico de Japón. El sistema estuvo en uso para transportar embarcaciones entre el canal de Okazaki y los canales a mayor altura hasta la década de 1950. En 1977 fue restaurada para preservar su patrimonio industrial y en 1996 fue declarada Lugar Histórico Nacional.
En algunos puntos del recorrido podemos ver el sistema de raíles con los barcos encima reconstruídos, para poder hacernos una idea de cómo funcionaba.

Bajamos desde el parque hasta llegar al canal Okazaki junto al zoo mientras disfrutamos de las vistas, los raíles y del agradable paseo bajo la lluvia. Al final de la cuesta encontramos el Museo del Canal del lago Biwa y el zoo, pero no entramos a ninguno de ellos ya que tenemos otros planes para lo que queda de tarde.
Desde dónde estamos vemos que se tarda casi lo mismo en bus que andando hasta el siguiente punto, así que caminamos otros 20 minutos hasta el parque Maruyama pasando frente a la imponente puerta del Chion-in que visitamos en el 1r viaje.

De entrada gratuita, se trata de uno de los parques más grandes de Kyoto. Hacemos parada técnica para ir al baño. Compramos un par de deliciosos helados de té verde y soja (600¥) y nos sentamos un rato a descansar después de todo el día caminando.

Damos un corto paseo por el parque aprovechando que ha dejado de llover y luego entramos al Yasaka Shrine. Antiguamente llamado santuario de Gion, se trata un santuario sintoísta construido en el siglo VII. Según la leyenda, sobre un lago subterráneo para facilitar que el dios del este, el llamado dragón de aguas azules, recibiera agua y así asegurar el bienestar de la zona.
De este modo, en el 869 se originó el festival más importante de todo Kioto, el festival Gion Matsuri dedicado a este dios shinto.

La verdad es que ya visitamos el santuario en 2011 en nuestro 1r viaje. Pero leyendo a los compis de Japonismo, descubrí que tan solo habíamos visitado el patio central (visita principal del santuario). Pero que nos habíamos perdido un sinfín de santuarios más pequeños construidos dentro del recinto del Yasaka y bordeando el patio central…
Así que cuando planificamos la tercera visita a Kyoto, decidimos incluirlo de nuevo y conocer uno de los santuarios más importantes de la ciudad bien a fondo. El circuito que seguimos fue comenzando por la entrada de Maruyama y avanzando hacia la puerta principal del santuario.



Recorremos el santuario conociendo los pequeños santuarios y los yashiro o pequeños primeros santuarios. No entraré mucho en detalle con cada uno de los que vimos (tenéis toda la info al detalle en la web de Japonismo), pero si os diré que recorrer esos rincones rodeados de bosque nos encantó, y la verdad es que en esa zona encontramos bastante menos gente que junto al buden o escenario de danza, y el honden o salón principal ubicados en el patio principal del recinto.

Aquí nos damos cuenta que la ciudad se comienza a preparar para la llegada del tifón Trami y vemos que aquí han quitado los chochin o farolillos del edificio principal. Se ve como pobre… a continuación podéis ver una foto tomada en el primer viaje con ellos para que veáis la diferencia.

Y tras un buen rato recorriendo todos los recovecos del Yasaka, llegamos a la puerta principal lacada en rojo, la puerta Nishiromon al oeste del santuario.

Situada al final de la calle Shijō, la puerta se pintó de su característico color bermellón en 1497 y seguramente nos sorprenda no encontrar el típico torii sintoísta en la entrada principal del templo si no encontrarnos con esta gran puerta de estilo budista… esta es una clara demostración de que hasta 1868 ambas religiones cohabitaban sin problemas en el país.
Nos encontrábamos disfrutando de la vista de la Nishiromon de nuevo, cuando una pareja de argentinos nos pidió si les podíamos hacer una foto. Descubrimos que estaban celebrando su luna de miel en el país nipón y nos hizo tanta gracia recordar que nosotros hicimos lo mismo, que al explicárselo entablamos un rato de conversa de lo más agradable.
Ellos al enterarse que es nuestra 3ª vez en Japón nos piden consejos sobre imprescindibles en la ruta que tienen planificada, y tras un rato de charla nos despedimos deseándonos buen viaje mutúamente. Realmente estos ratitos de compartir me encantan 🙂
Salimos hacia Shijō-dori y echamos unas fotos al famoso Gion Corner.

Y caminamos hacia el último templo de la jornada cruzando las calles del tradicional barrio de Gion dónde vemos a una enorme cantidad de turistas cogiendo sitio para ver a las geishas y maikos que están a punto de salir a hacer su trabajo.
La verdad es que siento vergüenza ajena al verlos ahí parados esperándolas y no me sorprende ver carteles dónde piden que se las respete… creo que debemos hacer una crítica a estos comportamientos, geishas y maikos son personas que están trabajando y no podemos usarlas como monos de feria. Por favor, ¡¡hagamos turismo responsable!!
Nosotros pasamos de largo y llegamos al el Kennin-ji, el último templo de la jornada. Éste fue el primer templo Zen de Kyoto, fundado en 1202 por el Maestro Zen Yousai (padre del budismo japonés). Devastado en una guerra y reconstruido en los años Tensho (1573-1592) consta de varias salas y alrededor de dos docenas de edificios más pequeños dispuestos a su alrededor. En sus edificios principales, se encuentran famosas obras de arte y cuenta con un bonito jardín seco y de otros cubiertos por musgo.
La lástima es que se nos ha hecho tarde, cierran en 25 minutos pero ya no nos dejan entrar… una pena porque por lo que había visto del lugar y lo poco que podemos ver desde fuera tiene una pinta impresionante 🙁 Nos quedará pendiente para el siguiente viaje… 😛

Caminamos un par de calles hasta el barrio de Miyagawacho. Este tranquilo barrio repleto de casas de té, casas de geishas y tiendas tracionales, es el lugar ideal para disfrutar de la arquitectura tradicional sin tanto alboroto de turistas. Entramos al Kyoto-Ebisu-Jinja Shrine, un pequeño santuario ubicado entre las casas en el que tan solo encontramos a un par de locales rezando. ¡Me encantan éstos lugares escondidos que emanan tanta paz!

Aunque dicen que este barrio es un buen sitio para ver geishas y maikos, debe ser pronto aún porque solo nos cruzamos con un par de abuelillos dando un paseo y… con una maiko. La saludo con una reverencia de cabeza al acercarse y me devuelve una sonrisa. Lo que demuestra que si eres educado con ellas, ellas también lo son, y lo siento pero no hay foto. Algunos dicen que si las paras educadamente y se lo pides puedes hacerles una pero como os decía antes, no me parece bien usarlas como monos de feria, así que nos conformamos con verla en vivo 😉

Son las 17h , seguro que si esperamos un poco veremos más pero estamos ko después de la caminata de hoy y con la lluvia que cae de nuevo ha refrescado bastante, así que nos damos por satisfechos y vamos a buscar un bus que nos acerque a la estación. Cruzamos el río Kamo hacia la zona de Pontocho, y de nuevo vemos estas bonitas terrazas situadas junto a la orilla del río. Es inevitable que nos vengan recuerdos de viajes anteriores recorriendo esta ciudad 🙂

Y en Kawaramachi cogemos un bus que en unos 20 minutos nos deja en la estación. Descargamos las mochilas en la habitación y nos vamos de compras al Yodobashi. Nuestra plancha de viaje se ha changado y compramos una nueva. Es más pequeña aún que la que teníamos, más compacta ya que se desmonta el mango, compatible con todos los tipos de voltaje y solo 4800Y (unos 37€).
Más felices que unas perdices por nuestra nueva compra nipona, subimos a la planta 6 y buscamos dónde cenar. Después de dar una vuelta, nos decantamos por un restaurante especializado en carnes. Pedimos un par de hamburguesas con verduras y patatas más 2 cervezas por 3500Y.
Antes de volver al hotel pasamos por un combini a buscar cosillas para desayunar y me hago con una edición especial momiji de kit-kat sabor castaña que ¡están deliciosos!

Ducha y a descansar, mañana llega el tifón nº24 y no sabemos qué nos encontraremos…

Muy buen post!
Gracias!!